El calendario festivo de Bolivia mezcla rituales indígenas andinos con la devoción católica introducida durante la época colonial española. Esta fusión es muy evidente en el Carnaval de Oruro y en la fiesta del Gran Poder en La Paz. Ambos eventos son reconocidos por la UNESCO como patrimonio cultural inmaterial y atraen a decenas de miles de bailarines y músicos con trajes típicos cada año.
El Carnaval de Oruro, que se celebra en febrero o marzo antes de la Cuaresma, tiene sus raíces en los rituales del pueblo indígena Uru que las autoridades coloniales españolas reprimieron en el siglo diecisiete. Para mediados del siglo dieciocho, estas tradiciones se fusionaron con las prácticas católicas y el festival se asoció con la devoción a la Virgen del Socavón, patrona de los mineros en esta región de tradición minera. Los bailarines interpretan la Diablada, la Morenada, los Caporales y el Tinku, cada uno representando historias del pasado indígena y colonial de Bolivia.
La fiesta del Gran Poder en La Paz surgió de procesiones religiosas que honraban una imagen de Cristo del siglo diecisiete, representada con rasgos andinos y conocida como el Señor del Gran Poder. Los residentes aimaras del barrio del mercado Buenos Aires en La Paz comenzaron a llevar la imagen en procesiones con velas en la década de 1930, y la celebración se convirtió en un gran festival de danza pública para la década de 1980. Se lleva a cabo durante la temporada seca, atrae a miles de artistas con trajes elaborados y sigue siendo, junto con el Carnaval de Oruro, una de las expresiones más importantes de la herencia indígena y católica de Bolivia.
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