Las fuerzas españolas empezaron a incursionar en la región del actual Chile en la década de 1530, y el conquistador Pedro de Valdivia fundó Santiago en 1541, estableciendo la base desde la cual España organizó su dominio. Chile siguió siendo una colonia del Imperio español desde ese periodo hasta principios del siglo XIX. A diferencia de los territorios ricos en plata de Perú y México, Chile solo produjo una riqueza mineral modesta, por lo que su economía terminó dependiendo principalmente de la agricultura y la ganadería.
La expansión española hacia el sur se topó con la resistencia constante del pueblo mapuche. Su largo conflicto con las fuerzas coloniales se conoció como la Guerra de Arauco, la cual incluyó la muerte del mismísimo Valdivia en batalla. Como Chile generaba pocos ingresos directos para la corona, dependía de un subsidio anual del Virreinato del Perú, y la autoridad administrativa recaía en un capitán general que tenía amplios poderes sobre la colonia.
A lo largo de los siglos coloniales, surgió una gran población mestiza producto de la mezcla entre colonos españoles y pueblos indígenas, lo que dio forma al carácter social posterior de Chile. La inestabilidad política en España tras la invasión de Napoleón en 1808 abrió el camino para un movimiento de independencia chileno, el cual comenzó en 1810 y culminó con la independencia total en 1818.
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